Hace un año aceptamos un reto que, sobre el papel, parecía claro: formar parte de la junta de Agile Spain.
En la práctica, lo que asumimos fue algo mucho más complejo y mucho más humano: sostener una comunidad viva, diversa, exigente y profundamente comprometida con la mejora continua.
Este post no va de hitos ni de cifras.
Va de experiencia, de cómo nos organizamos, de lo que funcionó, de lo que no, y de lo que aprendimos cuando dejamos de intentar hacerlo “perfecto” y empezamos a hacerlo con sentido.
Empezar sin un manual (y aceptarlo)
Cuando arrancas como junta, hay una tentación clara: buscar el manual.
Cómo debería funcionar una junta.
Cómo se “gestiona” una asociación.
Cómo se reparten las responsabilidades.
La realidad fue otra: no había manual. Y asumirlo pronto fue una ventaja.
Entendimos que no se trataba de replicar estructuras rígidas, sino de crear un sistema vivo, capaz de adaptarse al contexto, a las personas y a la energía real que teníamos.
Eso nos llevó a una primera decisión clave: no organizarnos por cargos, sino por responsabilidad real y aporte de valor.
Cómo nos organizamos de verdad (no como suena bien en una slide)
En lugar de compartimentos estancos, evolucionamos hacia una lógica muy sencilla:
- Ámbitos claros (eventos, comunidad, comunicación, finanzas, alianzas, marketing, partners, socios…)
- Responsables visibles, pero no “propietarios” aislados
- Colaboración constante entre áreas
- Mucha conversación, poca jerarquía
No fue inmediato ni perfecto. Tuvimos que hablar mucho para entender:
- quién estaba más cómoda liderando
- quién aportaba más desde la reflexión o desde las sombras
- quién sostenía cuando había cansancio
- quién empujaba cuando había bloqueo
La organización real no nació de un organigrama, sino de la confianza mutua y el conocimiento del equipo.
Autogestión… pero de la de verdad
Uno de los grandes aprendizajes del año fue confirmar algo que predicamos a menudo:
La autogestión sin confianza no existe.
Intentar controlar cada decisión, cada gasto o cada iniciativa habría sido inviable. No solo por volumen, sino porque habría matado la energía.
Elegimos conscientemente:
- delegar de verdad
- aceptar distintos ritmos
- confiar en el criterio del otro incluso cuando no era el nuestro
- asumir errores como parte del sistema, no como fallos personales
¿Funcionó siempre? No. ¿Fue más sano? Sin duda.
Lo invisible también cuenta (y mucho)
Hay una parte del trabajo de junta que no se ve:
- conversaciones difíciles
- decisiones impopulares
- momentos de duda
- desgaste emocional
- conciliación con trabajos, vida personal y cansancio acumulado
- trabajo que no se muestra a la comunidad
Aprendimos que cuidar al equipo de junta es tan importante como cuidar a la comunidad. Y que ignorar esto pasa factura.
Por eso empezamos a normalizar:
- pedir ayuda
- decir “no llego”
- parar cuando hacía falta
- redistribuir carga sin dramas
La sostenibilidad no es solo un discurso bonito: es una práctica diaria.
De eventos a propósito
Otro cambio importante fue dejar de medirnos solo por eventos.
Sí, los eventos importan. Pero no son el fin.
Este año pusimos foco en:
- conversaciones de fondo
- creación de contenido
- alianzas con sentido
- dar voz a más perfiles
- reforzar la identidad de comunidad
Pasamos de “hacer cosas” a preguntarnos más a menudo: ¿para qué estamos haciendo esto?
Esa pregunta incómoda nos ahorró mucho trabajo innecesario.
Lo que haríamos igual (y lo que no)
Si tuviéramos que repetir el año, hay cosas que repetiríamos sin dudar:
- priorizar la confianza frente al control
- hablar pronto cuando algo chirría
- aceptar la imperfección
- pensar en términos de sistema, no de personas aisladas
Y también hay cosas que haríamos distinto:
- proteger mejor la energía desde el principio
- cerrar antes ciertos debates
- documentar más para no depender tanto de memoria colectiva
- pedir ayuda externa antes
Aprender también es esto: mirar atrás sin castigarse.
Un aniversario que no es un cierre
Este año como junta no se siente como un punto final. Se siente como una base.
Una base más consciente, más honesta y más alineada con los valores que defendemos como comunidad ágil:
- confianza
- responsabilidad compartida
- aprendizaje continuo
- foco en las personas
Si algo nos llevamos de este año es la certeza de que las comunidades no se gestionan, se cuidan.
Y eso, aunque no salga en ningún acta, lo cambia todo.
