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¿Es posible no comunicar? La respuesta es más curiosa de lo que crees

Imagina esta escena: entras en una reunión, te sientas al fondo, no dices una palabra, mantienes la cámara apagada y respondes con monosílabos cuando te preguntan algo directamente. Sales pensando: “Hoy no he comunicado nada”.
La realidad es otra muy distinta.

Aunque parezca contraintuitivo, no comunicar es imposible. Y no lo digo como una frase bonita para un póster de oficina, sino como una de las ideas más potentes. y a menudo olvidadas, de la comunicación humana.

El silencio también habla (y a veces grita)

Comunicar no es solo hablar. Tampoco es solo escribir un correo, preparar una presentación o enviar un mensaje por Slack. Comunicar es comportarse, y todo comportamiento en presencia de otros tiene valor comunicativo.

Cuando callas en una reunión:

  • Comunicas desinterés… o prudencia
  • Comunicas desacuerdo… o reflexión
  • Comunicas inseguridad… o estrategia

El problema no es que el mensaje sea ambiguo. El problema es pensar que no hay mensaje.

El silencio, la postura corporal, la mirada (o su ausencia), el tono al decir “vale”, el tiempo que tardas en responder… todo eso comunica. Incluso cuando no quieres que lo haga.

El origen de esta idea (y por qué sigue siendo tan actual)

Esta afirmación proviene de uno de los axiomas más conocidos de la teoría de la comunicación:

“Es imposible no comunicarse”

¿Por qué? Porque mientras exista interacción —o incluso simple presencia— siempre hay interpretación. Y donde hay interpretación, hay comunicación.

Lo interesante es que esto no solo aplica a contextos personales o familiares. En las organizaciones, este principio se amplifica.

Un liderazgo silencioso comunica. Una decisión no explicada comunica. Un cambio anunciado sin contexto comunica. Una falta de respuesta comunica… y mucho.

Cuando creemos que no pasa nada (pero sí pasa)

En muchas organizaciones aparece este pensamiento:

“No hemos dicho nada, así que no debería haber problema.”

Y ahí empieza el lío.

Porque cuando no se comunica explícitamente:

  • Las personas rellenan los huecos
  • Aparecen suposiciones
  • Se construyen relatos alternativos
  • Crece la incertidumbre

El cerebro humano odia el vacío. Si no hay información, la inventa. Y casi nunca lo hace a favor del sistema.

Por eso, la ausencia de comunicación suele generar más ruido que un mensaje mal formulado.

No comunicar intención ≠ no comunicar impacto

Aquí está uno de los grandes malentendidos en equipos y liderazgo.

Puedes pensar:

  • “No pretendía que sonara así”
  • “No quise transmitir eso”
  • “No dije nada malo”

Y aun así, el impacto existe.

La comunicación no se mide por la intención del emisor, sino por la interpretación del receptor. Esto incomoda, pero es clave para madurar como equipo y como organización.

No se trata de culpabilidad. Se trata de responsabilidad.

Ejemplos cotidianos que lo dejan claro

Veamos situaciones muy comunes:

  1. El líder que no da feedback: No decir nada no es neutral. Puede comunicar:
  • “Tu trabajo da igual”
  • “No quiero conflictos”
  • “No me importa tu desarrollo”

  1. El cambio organizativo sin relato: Cuando solo se comunica el qué y no el por qué:
  • Se comunica imposición
  • Se comunica distancia
  • Se comunica falta de confianza
  1. El compañero que nunca opina: Su silencio puede ser leído como:
  • Falta de compromiso
  • Desacuerdo pasivo
  • Desconexión emocional

Aunque ninguna de esas interpretaciones sea cierta.

Comunicación no verbal: el elefante en la habitación

Gran parte de lo que comunicamos no pasa por las palabras. Pasa por:

  • El tono
  • El ritmo
  • La postura
  • La coherencia entre lo que decimos y hacemos

Decir “confío en el equipo” mientras se controla todo comunica desconfianza. Decir “vuestra opinión importa” y no escuchar comunica lo contrario.

Aquí es donde muchas organizaciones se atascan: dicen una cosa, pero comunican otra.

Entonces… ¿qué hacemos con todo esto?

Aceptar que no es posible no comunicar no significa vivir en hipervigilancia constante. Significa tomar conciencia.

Algunas claves prácticas:

  1. Haz explícito lo implícito Si hay silencios, nómbralos. Si hay incertidumbre, reconócela.
  2. Cuida más el contexto que el mensaje perfecto Un mensaje imperfecto con contexto suele ser mejor que un silencio pulido.
  3. Observa lo que comunicas sin querer Tus acciones hablan antes que tus palabras. Siempre.
  4. Recuerda que comunicar es una responsabilidad compartida No solo emite quien habla. También comunica quien escucha, quien interpreta y quien responde (o no).

La paradoja final

Cuanto más intentamos “no comunicar” para evitar problemas, más probabilidades hay de crearlos. Y cuanto antes aceptamos que todo comunica, antes podemos usar la comunicación como aliada en lugar de sufrirla como un riesgo.

Así que la próxima vez que pienses “mejor no digo nada”, quizá la pregunta no sea si vas a comunicar… sino qué estás comunicando ya.

Porque incluso ahora, mientras lees esto, algo se está comunicando. Y eso, aunque curioso, es profundamente humano.

 

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